Muchas pistas, pero ningún esclarecimiento
Novedades en el caso de la maestra desaparecidaFueron interrogadas las exmonjas que hablaron por última vez con la maestra desaparecida en Tucumán el lunes 31 de julio.
Susana Acosta y Nélida Férnández comparecieron ante la fiscal a cargo del caso, doctora Adriana Giannoni, para responder por las huellas halladas en el automóvil Ford Orion, propiedad de una de ellas, y, también, explicar el motivo por el que ocultaron haber recibido un mensaje de texto de la maestra la mañana misma de su desaparición.
Beatriz Argañaraz desapareció el día en que iba asumir como directora del colegio católico Padre Roque Correa, tras subir a un remís para ir a su lugar de trabajo. Aunque no se sabe por qué fue secuestrada, se supone que la docente había descubierto la distribución de drogas en el mencionado establecimiento educativo y tenía la intención de denunciarlo.
Las exreligiosas, supuestas amigas de la maestra, incurrieron en varias contradicciones en el interrogatorio y no supieron explicar la razón por la cual no le dijeron a la policía que esa mañana, antes de tomar el remís para ir a la escuela, Betty (como la llamaban familiarmente) envió un mensaje de texto a Nélida para avisar que se había demorado pero que iba a pasar a buscarla.
Las pericias policiales efectuadas en el automóvil de una de las sospechosas del secuestro revelaron que había manchas de sangre y cabellos en el tapizado del asiento trasero y en el baúl; también, un destornillador manchado y restos de barro. Poco después se realizaron averiguaciones en una estación de servicio, donde las acusadas se detuvieron a cargar GNC dos veces en el lapso de doce horas el día siguiente al secuestro. Esto les llamó la atención a los empleados porque es algo poco frecuente. Además, cerca del lugar se hallaron elementos de cotillón que, probablemente, fueran los que Betty llevaba para una fiesta escolar.
Debido a su comprometida situación, Nélida y Susana están detenidas en la Cárcel de Mujeres de la Banda del Río Salí.
Las hipótesis que se barajan sobre las causas de estos sucesos son varias pero todas convergen en que, como sucedió en otros casos de desaparición de mujeres en Tucumán, redes mafiosas están actuando para ocultar sus operaciones. Los casos de Marita Verón, secuestrada el abril de 2002 para formar parte de una red de prostitución, y de Paulina Lebbos, desaparecida en febrero de este año y hallada muerta en marzo, parecen confirmar el hecho de que en la provincia hay organizaciones criminales que desarrollan sus actividades impunemente, sin que la justicia tome cartas en el asunto.
Por otra parte, la sociedad tucumana está profundamente conmovida por estos casos, y se ha movilizado realizando marchas populares en reclamo de justicia. Además, debido al bochorno provocado por las renuncias del ministro de seguridad y el fiscal del caso Lebbos, ambos acusados de negligencia en la realización de los peritajes correspondientes, el Gobierno está presionando a la policía tucumana para que este hecho se investigue a fondo.

